Educar es lo mismo que poner un motor a una barca, hay que medir, pensar, equilibrar, y poner todo en marcha. Pero para eso, uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, mientras uno trabaja, que esa barca, ese niño, esa niña, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hacia islas lejanas. Gabriel Celaya

viernes, 16 de junio de 2017

EL VUELO DEL MOSCARDÓN

Una de las cosas que hemos aprendido en ese proyecto es que las abejas vuelan de una forma especial para comunicarse. Pueden hacerlo en círculos y también en forma de ocho. Así pueden avisar a sus compañeras del sitio exacto donde hay comida.
En clase de psicomotricidad hemos dibujado un ocho en la alfombra y hemos realizado "una complicada danza" que simulaba el vuelo del moscardón. Y aprendimos también que esta música del autor ruso Rimski Korsakov era la que mejor le venía para emprender el vuelo.

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