Educar es lo mismo que poner un motor a una barca, hay que medir, pensar, equilibrar, y poner todo en marcha. Pero para eso, uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, mientras uno trabaja, que esa barca, ese niño, esa niña, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hacia islas lejanas. Gabriel Celaya

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domingo, 17 de noviembre de 2013

CARNE DE MEMBRILLO

El viernes probamos la carne de membrillo que había hecho la bisabuela de Ángel.
Primero, Concha y Eva pelaron y trocearon membrillo crudo y probamos un trocito, pero estaba demasiado “áspero”. Aún así muchos lo terminaron.
Luego cortamos la carne de membrillo y Concha la fue repartiendo a los niños y niñas de la clase. Algunos no la habían probado nunca, a otros no les gustaba.
Casi todos la probaron y algunos hasta repitieron, pero también hubo a quien no le gustó nada de nada.
Al que más le gustó fue a Ángel.
Claro la había hecho su bisabuela.

4 comentarios:

  1. Qué de cosas del otoño están aprendiendo, apuesto a que Alejandra fue una de las que no la probó....

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  2. Pasó la punta de la lengua por el membrillo crudo. Fue lo más que hizo.

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  3. Pues yo se de otro que tampoco probaría el membrillo. No creo que a David le gustará...

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  4. Concha ya has conseguido más que yo en casa cuando le ofrezco la fruta

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