Educar es lo mismo que poner un motor a una barca, hay que medir, pensar, equilibrar, y poner todo en marcha. Pero para eso, uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, mientras uno trabaja, que esa barca, ese niño, esa niña, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hacia islas lejanas. Gabriel Celaya

sábado, 30 de noviembre de 2013

COMEMOS LOS FRUTOS SECOS

Aunque todavía seguiremos en otoño durante unos días, próximamente daremos por terminadas las actividades sobre esta estación. Por eso hemos dado buena cuenta de los frutos secos que habían traído los niños y las niñas para adornar la clase, pues los frutos carnosos nos los habíamos comido unos días antes.

Y hemos dado buena cuenta de castañas, nueces, piñones, almendras y avellanas.

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