Educar es lo mismo que poner un motor a una barca, hay que medir, pensar, equilibrar, y poner todo en marcha. Pero para eso, uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, mientras uno trabaja, que esa barca, ese niño, esa niña, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hacia islas lejanas. Gabriel Celaya

domingo, 10 de noviembre de 2013

PROBAMOS LOS FRUTOS CARNOSOS

El viernes probamos los frutos carnosos del otoño. Comimos mandarinas, naranjas, manzanas, uvas...
El caqui, los membrillos y granada los dejamos para otro día...
Algunos no están muy acostumbrados a todo tipo de frutas.
Estas son las caritas que pusieron...





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