Educar es lo mismo que poner un motor a una barca, hay que medir, pensar, equilibrar, y poner todo en marcha. Pero para eso, uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, mientras uno trabaja, que esa barca, ese niño, esa niña, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hacia islas lejanas. Gabriel Celaya

lunes, 1 de diciembre de 2014

CLASE DE CHINO

El primer día de diciembre tuvimos una clase práctica de chino. La mamá de Liam es de origen chino y Liam también está aprendiendo a hablar un poquito de chino en su casa. Por eso, ellos quisieron compartirlo con todos los niños.

Primero nos puso un mapa del mundo para ver que el chino se habla en muchas partes.
Nos enseñó qué muchas palabras se representan con una sola grafía, como un dibujo.
Nos dijo los números en chino, y también los colores, e hicimos juegos para aprenderlos un poquito.
Tuvo de ayudante a Bonnie, una chica de Taiwan que está de "au pair" en su casa.
Para terminar nos dio una rica galleta de la suerte, con bonitas frases.
Luego les tocó el turno a los compañeros de 4 años A, de la clase de Puri, que hicieron las mismas actividades.
Fue interesante y divertido.
Liam y su mamá al terminar la actividad

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