Educar es lo mismo que poner un motor a una barca, hay que medir, pensar, equilibrar, y poner todo en marcha. Pero para eso, uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, mientras uno trabaja, que esa barca, ese niño, esa niña, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hacia islas lejanas. Gabriel Celaya

sábado, 20 de diciembre de 2014

Y JUGAMOS CON VILLANCICOS...

Escuchamos los villancicos que nos había traído Pedro, mientras jugábamos a un juego parecido al pañuelo por detrás.
Todos cerrábamos los ojos y esperábamos a que parase la música, para buscar a nuestras espaldas,...
Cada  vez, cada uno de nosotros tenía un pequeño paquete... Pequeño pero grande, porque estaba envuelto muchas veces...
Y luego, la ilusión de unos caramelos...
¿Hay algo más maravillosos que la ilusión en los ojos de un niño o de una niña?

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