Educar es lo mismo que poner un motor a una barca, hay que medir, pensar, equilibrar, y poner todo en marcha. Pero para eso, uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, mientras uno trabaja, que esa barca, ese niño, esa niña, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hacia islas lejanas. Gabriel Celaya

jueves, 12 de febrero de 2015

LA PATARRONA: CUARTO DÍA

Y el jueves, todos fuimos con enormes camisetas... ¡Qué risa! ¡Qué grandes nos estaban!



También nos dijo que el viernes deberíamos venir vestidos con nuestros ropajes australianos

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