Educar es lo mismo que poner un motor a una barca, hay que medir, pensar, equilibrar, y poner todo en marcha. Pero para eso, uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, mientras uno trabaja, que esa barca, ese niño, esa niña, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hacia islas lejanas. Gabriel Celaya

sábado, 17 de junio de 2017

COMIENDO POLOS

Comimos los polos con miel el último jueves de colegio.
Estaban fresquitos y buenísimos.
Aunque alguno no pudo terminárselo, porque era mucho.
Pero fue un aliciente con las meriendas de algunos niños y niñas que tardan un poquito más de la cuenta en terminar.

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