Educar es lo mismo que poner un motor a una barca, hay que medir, pensar, equilibrar, y poner todo en marcha. Pero para eso, uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, mientras uno trabaja, que esa barca, ese niño, esa niña, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hacia islas lejanas. Gabriel Celaya

domingo, 7 de febrero de 2016

CHURROS DE CARNAVAL

La AMPA nos invitó a churros con chocolate...
Un grupo de mamás y papás vinieron a traerlo... ¡Qué rico!
Cómo se nota que somos mayores... Nos lo comimos todo.

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