Educar es lo mismo que poner un motor a una barca, hay que medir, pensar, equilibrar, y poner todo en marcha. Pero para eso, uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, mientras uno trabaja, que esa barca, ese niño, esa niña, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hacia islas lejanas. Gabriel Celaya

viernes, 7 de abril de 2017

TALLER DE ALFARERÍA

Bueno, esto del barro parece más fácil de lo que realmente es... Vaya guarreteo tocar barro... Como se nota que estos niños no están acostumbrados... 
A algunos les daba un poco de asquito mancharse y enseguida pedían, por favor, que les limpiáramos. 
Otros sin embargo, disfrutaron mucho.
El taller lo hicimos al aire libre, en el patio de atrás, y estuvimos amasando con las manos húmedas, intentando dar forma al barro, unos con más éxito que otros.
¿Eran vasos canopos? Bueno, lo intentamos... En cualquier caso, eran vasijas hechas con nuestras manos. 

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